words and stuff made by Jorge Camacho.

Hackeando Silicon Valley

Con la ayuda de una red global de 80,000 miembros, un ex-enfermero de California quiere hackear la forma en que los startuperos trabajan y financian sus ideas.

Un artículo para el fanzine Hedbanger.

Jonathan es un tipo inmenso. Parece un vikingo pero trae una playera del CBGB, el mítico antro punk neoyorquino. Está sentado en una mesa, rodeado de cartulinas blancas en las que dibuja diagramas y comandos. Cuando Dulce—una de las organizadoras del Startup Weekend Guadalajara—mencionó que tenía ganas de aprender a programar, nunca se imaginó que Jonathan la iba a tomar como su pupila en ese mismo momento.

            Lejos de tomar la computadora para mostrarle cómo programar un clásico “Hello, world”, la primera lección se realizó en papel y trató sobre numeración binaria, transistores y logic gates. Poco a poco, los jóvenes startuperos se reunieron en torno al vikingo, en parte para atender a la lección y en parte para intervenir con preguntas concretas sobre la implementación técnica de sus ideas. Me divirtió mucho ver la cara de algunos cuando Jonathan hizo un excursus sobre bases de datos relacionales para demostrarle a uno las complicaciones que encontraría en el desarrollo de su aplicación. Parecía que sus cabezas—y la mía—iban a explotar.

Yo estaba sentado al otro lado de la mesa: invitado como uno más de varios ‘mentores’ para trabajar con los participantes en el desarrollo creativo, técnico y comercial de sus ideas. Jonathan Nelson era el juez principal de la competencia. En la tarde del segundo día, sentado como niño en la orilla del escenario, les ofreció a los competidores algo que estuvo a medio camino entre una plática TED y una arenga motivacional como la que da un coach a su equipo durante el medio tiempo de un partido.

Su mensaje principal de aquel día es tan sencillo que parece obvio. Sin embargo, creo que es la semilla de algo potencialmente transformador. Según Jonathan, el emprendedurismo tecnológico es antes que otra cosa un oficio, no tan distinto a la carpintería o la herrería. Y así como es el caso en esos oficios—que desde la Edad Media han conformado fraternidades dedicadas a acumular y transmitir sus conocimientos—hoy se necesitan gremios de startuperos.



Meetups are the new guilds.


Hackers/Founders (H/F) es justamente eso: un gremio global de 80,000 ingenieros en vías de ser fundadores de startups. Están repartidos entre 26 países y 57 ciudades alrededor del mundo. Jonathan lo inició casi por accidente hace 6 años en Sunnyvale, California cuando publicó una invitación en Meetup.com para todo aquel que quisiera reunirse en un bar para hablar de programación y startups.

Por ese entonces, y desde hacía 20 años, Jonathan trabajaba como enfermero en el área de emergencias de un hospital mientras intentaba hacer despegar alguna de sus ideas: desde un sitio tipo Reddit pero especializado en gatos hasta un motor de búsqueda para noticias financieras. Cuando fue H/F, y no alguna de sus otras startups, la que empezó a despegar realmente, Jonathan se dio cuenta de que había un universo de problemas desatendidos por los hackers de Silicon Valley: ¡los suyos propios! Fue así como se configuró el objetivo de H/F: “Making life suck 34% less for founders”; mismo que persiguen a través de reuniones periódicas, charlas, seminarios, clases y, desde hace un par de años, una incubadora.

Desde luego, el centro de gravedad de H/F es el propio Silicon Valley—donde las actividades alrededor del año son muchas y variadas. Pero lo sorprendente es la presencia que ya tiene alrededor del mundo. Después de Estados Unidos, México es el segundo país del mundo con más actividad del gremio con ‘capítulos’ en 12 ciudades, entre ellas: Aguascalientes, Guadalajara, el DF, Monterrey, Morelia y, desde luego, la Comarca Lagunera.

De hecho, a través de una llamada por Skype, Jonathan me cuenta que están planeando extender y formalizar su presencia en México próximamente. También me dice que le ha parecido particularmente interesante lo que está haciendo H/F en lugares tan lejanos y dispares como Nepal, Nigeria, Lituania y Uruguay. En general, parece ser que H/F está funcionando como uno más de los catalizadores de la escena startupera global junto con 500 Startups, Startup Weekend, y otras organizaciones. Gracias a este movimiento, las empresas tecnológicas de países de ingreso medio están generando innovaciones no sólo para atender las necesidades de sus propios mercados sino para lograr incursionar en las industrias de los países desarrollados. Como ejemplos, Jonathan menciona una empresa Nigeriana de pagos móviles y una compañía Uruguaya especializada en machine learning (una rama de la inteligencia artificial) que le da empleo a 19 especialistas con PhD.

Con todas estas referencias, de repente parece menos descabellado el sueño que H/F menciona en su sitio web: “Move the world’s GDP.”



The Co-op.


Además de haber trabajado como enfermero, lo cual supuso estar expuesto a la violencia del ghetto norteamericano, Jonathan es hijo de un matrimonio que trabajaba para una ONG. Así que pasó su infancia en países como Costa Rica, donde sus padres realizaban trabajo humanitario. Con todo lo cual, su sensibilidad para problemas de justicia social está un poco más desarrollada que la del asshole promedio de Silicon Valley. Y esa sensibilidad ha servido para configurar de forma un tanto alternativa, con respecto al contexto de ese lugar, algunos aspectos de H/F y, en particular, de su incubadora The Co-op.

            A diferencia de otras incubadoras como Y Combinator, que invierten alrededor de 20 mil dólares en las startups a cambio de un 8% o hasta 10% de equity, The Co-op no invierte en las startups a las que invita a unirse a su programa. A cambio de sólo un 2% de equity, les ofrece asesoría y acceso a una amplia red de posibles inversionistas. La mayoría de las startups que han participado—Zerply, Tripping, Hiku.us y Boutiika, entre otras—están siendo exitosas de una u otra forma: un par de ellas han sido adquiridas, otras han conseguido “bajar” capital, y otras tantas simplemente ya son negocios redituables. A través de The Co-op, H/F realiza también trabajo de advocacy en torno a temas como Internet libre, inmigración (apoyando la aprobación de visas para emprendedores extranjeros o Startup Visas), e incluso empujando la creación de un programa de atención médica para emprendedores.

            El problema más “sexy” que Jonathan quiere atacar ahora es el del ecosistema financiero de Silicon Valley. Con las acciones que ha adquirido de sus startups, The Co-op ha conformado una especie de bolsa (Jonathan la compara con un mutual fund) de la cual ha vendido una parte a inversionistas. Esto le permite obtener fondos para continuar y ampliar el programa de incubación, mientras que a sus inversionistas les permite invertir en un grupo de startups calificadas por H/F: lo que él llama investable startups.

Jonathan cree que este sistema se puede replicar alrededor de Silicon Valley y otras partes del mundo de tal forma que las incubadoras funcionen también como agencias calificadoras del equity de startups en proceso de gestación. El objetivo es inventar un sistema más seguro, eficiente y sostenible para conectar startups con capital-riesgo. Más allá de eso, Jonathan tiene el ojo puesto en Kickstarter y otras plataformas de crowdfunding como un modelo financiero que podría ser cada vez más importante en el futuro cercano.

El año pasado, en una conferencia en Berlín, el escritor norteamericano Bruce Sterling le recriminaba a los startuperos europeos su complicidad tácita con el sistema financiero global. No me he podido quitar de la cabeza el consejo sencillo y contundente que les daba: “Keep more of the money yourselves!”  Así que cuando conocí el trabajo de H/F, no pude evitar pensar que si un cambio de así va a suceder, son muchas las posibilidades de que sea a través del tipo de hacks sociales y financieros que Jonathan está empujando en Silicon Valley.